Paremos el reloj y durmamos a ras del cielo.
Cojamos estrellas y coleccionemos noches oscuras.
Mañana saldré de viaje y te llevaré entre mis ropas.
Navegaremos sin rumbo por mares de esos habitados por sombras.
Cantaremos a los pájaros y despertaremos huracanes de valor.
Nos ahogaremos en abrazos antes que lo haga la tempestad que amenaza sin avisar.
Mi alma arderá bajo el azul oscuro del cielo desangelado.
Mi corazón cicatrizado sin ganas de jugar, acepta arriesgar una vez más.
Instinto suicida por volver a ganar.
Y si, sé que esta vez habrá pelea de miradas.
Y si, sé que esta vez habrá competencia de caricias.
Y si, esta vez estoy segura de que me quedaré colgando de tu inolvidable sonrisa.
No hay mayor belleza que el pensamiento hecho palabra, pero no existe palabra tan bella capaz de explicar tal pensamiento
Translate
viernes, 25 de abril de 2014
sábado, 30 de noviembre de 2013
Pescador de palabras
Cuando
las palabras dejen de ser palabras
Cuando
las frases dejen de ser frases
Cuando
el fuego deje de ser amor y la luna muerte
Tu
mente se preguntará
¿Cuántas
palabras habré llegado a escribir?
¿Y a
pronunciar?
¿Cuántas
veces habré regalado un “te quiero” y cuántas me lo habré callado?
¿Cuántas
veces me habré tumbado en la cama
con el único propósito de desprender lágrimas desoladoras;
rebosantes de palabras transmitiendo ira, arrepentimiento, ilusiones perdidas y
esperanzas fingidas?
¿Qué
quiero ser yo en la vida?
¿Una
palabra o una letra? ¿Una estrofa o un verso?
No. Yo
quiero ser poesía
Quiero
ser una historia escrita en papel desgastado por los años que algún día alguien
leerá.
Quiero
enamorarme de los eternos etcéteras y no de los punto y final.
Quiero
navegar entre mares de palabras y sumergirme en océanos de versos.
Quiero
demostrar al mundo que lo escrito nunca es olvido.
Vidas
que son ríos, golondrinas que no ven la llegada de la primavera.
Barcos
pirata y besos de fresa.
Eso
quiero ser yo.
Jugar
con las palabras estremeciendo hasta las entrañas del más indeseado.
Devolver
el brillo a esa mirada ausente perdida entre cicatrices profundas.
Sembrar
esperanza en esas manos blanquecinas y suaves como la nieve misma.
Revivir ese corazón cansado de subsistir en un mundo
sin sentido.
Recuperar
la sonrisa en tu rostro que el frío invierno se llevó.
Recordar
ese mensaje que un día me llenó el alma junto con el corazón.
Eso
pretendo que mis poesías transmitan.
Que
cada verso nos haga razonar sin pensar demasiado.
Que
cese la monotonía y reine lo único e inesperado.
Que los
destellos de tus sentimientos sean poemas escritos desde el corazón filtrándose
en la mente,
enviando impulsos a la mano y que acaben
reflejados a través de un lápiz en una simple hoja en blanco.
Que
lleguen a manos de un cuerpo ansioso de saber y comprender.
Y que
por cada verso te recorra un escalofrío.
Como un
marinero vagando entre la espuma de los mares más tenebrosos, así vivo yo.
Como
una luz cansada de esperar a ser encontrada que quiere destacar, así pienso yo.
Como la
luna regala su destello al mar, así escribo yo.
domingo, 30 de junio de 2013
Sueños de princesa
Siempre
soñé con una vida de princesa. Pero la vida me ha enseñado que el príncipe azul
no va a subir a la torre a buscarte, que tienes que bajar tú. Que en esta vida
más vale manejar bien la espada que el rímel. Que los vestidos de lino blanco
acaban empapándose de lágrimas al final del baile. Que los cabellos rubio
platino hay que peinarlos todos los días. Que las rosas tan especiales nacen en
muchos jardines. Que en las noches de luna llena solo puedes confiar en la
total compañía de la luna. Y que los finales felices no existen, porque si te
hace feliz no tiene final.
martes, 26 de marzo de 2013
Perfección imperfecta
No sé como presentaros a la protagonista de esta historia. Podemos describirla como alguien fuerte de espíritu, invulnerable a toda preocupación, ansiosa de llegar a lo más alto, luchadora independiente hasta el final, navegante sin pausa durante cualquier tempestad, aferrada a sus propias ideas y sueños; claramente, una persona al roce de la perfección.
Todos lo días cruzaba la puerta de su casa con la mente ordenada y todas las posibles preguntas tenían la respectiva respuesta. Alzaba la mirada al cielo para asegurarse que el sol la sonreía como cada día. Caminaba por la acera y observaba como las preciosas flores desprendían un olor hipnotizante. Fijaba la mirada en el reflejo que le devolvía cada uno de los escaparates y orgullosa, seguía su camino con paso firme. Se veía perfecta, única e imbatible.
21 de septiembre. Otro día por el que luchar, pero no tenía en cuenta que no sería igual que los demás. Abrió la puerta con energía y se paralizó al instante. Sus piernas no respondían, su cabeza tan ordenada se llenó de inseguridad. Espesas nubes grises escondieron todos los rayos del sol. Las flores ahogadas en agua ya no se aguantaban de pie. Los escaparates devolvían la imagen de una mujer con ríos negros desprendidos de sus ojos, el pelo enmarañado y empapada por gotas de imperfección. En ese momento necesitaba a alguien que sujetara el paraguas que jamás preparó.
viernes, 22 de marzo de 2013
Mensaje sin remitente
Cuando somos niños a todos nos gusta que nos
cuenten largas historias una noche de invierno, donde las palabras son nuestra
única compañera. Prendamos la chimenea, apaguemos las luces y recostaos en
algún lugar apacible, que esta historia va a ser de esas que contéis a vuestros
hijos, como mi abuelo un día me contó a mí.
Humedad, frío, nieve, las calles vacías, el
suelo helado. Un típico día invernal en una pequeña ciudad del norte. Todos sus
habitantes resguardados en casa, intentando matar el aburrimiento con cualquier
programa absurdo en la televisión. Una mujer sentada en el porche de su humilde
casa. Sus cabellos rubios y suaves como la seda se les llevaba el viento, a la
vez que su tez blanquecina mostraban su pureza interior y sus labios sonrosados
ansiaban un último beso. Un último beso de un amor que hace tiempo que se fue y
prometió volver. Todas las puestas de sol, esta mujer se apoyaba en la
barandilla, ya que como bien dijo su amado “Volveré cuando menos te lo esperes,
en la más bella puesta de sol” y ella prometió que esperaría hasta su último
aliento. Esperó semanas, meses, años…pero los días abrumados de tormentas,
nunca la dejaban ver el sol ponerse.
Un 25 de enero; un día como cualquier otro,
se levantó, alzó la vista y encontró en una pared colgada, la imagen de lo que
día a día mantenía esperando su corazón palpitante. Bajó las escaleras una a
una, llegó a la puerta y para su sorpresa, se encontró una carta, sin
remitente. La recogió del suelo, se sentó en una silla en la cocina y
resquebrajó el sobre con cierta curiosidad. Con cada línea que leía, sus
pupilas se dilataban y su rostro se volvió pálido. Sus dedos tensos arrugaron
el trozo de papel y lo apretujaron contra sus manos. Se puso en pie y comenzó a
golpear todo objeto que se interpusiera en su camino. Poco a poco, la ira se
apoderó de la anteriormente, humilde vivienda. Sus paredes se volvieron grises,
y las ventanas rotas manifestando la ira humana. Las estrellas no volvieron a
ver esa tez blanca y a iluminar esos ojos de avellana. Todos los días se
sentaba en la silla de la cocina a la vera de la ventana, clavando sus ojos en
un punto fijo, esperando el momento, el momento en el que llegara su venganza.
Habían pasado 20 años y la casa se iba
cayendo a pedazos. Su alma seguía esperando al acecho en busca de venganza. De
repente, se oyeron pasos; alguien llamó a la puerta. El frío helador del
cuchillo que sujetaba la mujer se sentía en toda la casa. Giró el pomo de la
puerta, alzó el arma por encima de su cabeza, y sin compasión se lo clavó en el
corazón. El hombre sujetaba unas cartas en la mano que se vieron salpicadas de
sangre roja cargada de ira. Estas cayeron una a una al suelo, y rápidamente la
mujer cogió las cartas, las inspeccionó también y encontró un sobre blanco sin
remitente. Sintió una punzada en su corazón y corrió escaleras abajo al desván
a guardarlo en un baúl que cerró con llave, la cual rompió previamente. Corrió
a recoger el cadáver de la entrada y levantando algunas baldosas de la cocina,
lo introdujo en el suelo y lo escondió. Un silencio sepulcral inundó el
ambiente. El cuerpo de la mujer había conseguido la paz que llevaba ansiando
durante años. La tensión desapareció de su rostro. Ya había conseguido su última
meta en la vida, lo había conseguido, su venganza había sido realizada. Se
recostó en el sofá y poco a poco se le fue nublando la vista y sus párpados acabaron
escondiendo su mirada. Se oyó un golpe. ¿De dónde provenía? Otro golpe. Otro
más, y otro, y otro. Cada golpe se acompasaba con cada latido de su corazón. El
ruido venía del sótano. Otro golpe. Los nervios le recorrían por dentro, pero
decidió bajar los escalones con precaución. Otro golpe. Abrió la puerta que chirrió
y se estremeció aún más. De repente vio como un baúl de madera ennegrecida por
el paso del tiempo, se movía y pegaba golpes contra el suelo y la pared.
Retumbaba toda la habitación. Su cuerpo
le pedía salir corriendo, pero su corazón le llamaba a gritos para que se
acercara al baúl. Se puso de rodillas en
frente de él, y para su sorpresa, se abrió y un sobre blanco como la nieve saltó
y cayó sobre sus manos. Abrió la carta y notó la textura del papel sobre sus
manos, la olió y la desplegó con sumo cuidado. Deslizó sus ojos a lo largo de
las líneas y sus pupilas se empezaron a llenar de amargas lágrimas. De repente,
todo comenzó a dar vueltas y se hizo la oscuridad. Se levantó repentinamente del sofá. Miró las
palmas de sus manos; estaban llenas de tinta negra como la de la carta. Las palabras
avanzaban rápido por la piel de sus brazos hasta inundar todo su cuerpo. El
peso fue demasiado y no pudo evitar caer al suelo. El mismo suelo donde el
cadáver estaba escondido. Su corazón agazapado y destrozado por la venganza se
escondió tanto que dejó de sentir sus latidos. No podía soportar tal pesar. No
podía seguir viviendo con todos esos remordimientos comiendo su interior. Se
arrastró hacia la cocina, empuñó un cuchillo y otra vida desapareció del mundo.
Ni siquiera se percató de que lo había clavado en el lugar en el que el corazón
supuestamente debería asentarse, pero habría dado igual, porque este ya no
existía, había sido consumido por sentimientos impuros que el ser humano no
puede soportar. Se mantuvo de rodillas hasta que su último aliento marcó el
final de la vida.
¿Qué ponía en la carta que contenía aquel
misterioso sobre? ¿Qué pudo haber sido lo que la haya provocado tanta ira como
para conseguir matarla a ella misma? Llevaba esperando a su amor demasiado
tiempo, pensó que la habría abandonado. En cada una de las cartas solamente
explicaba que el día que tenía previsto volver a su lado, se había alargado.
Pensó que la engañaba, empezó a desconfiar de su amado. La ira recorrió su
alma, la destrozó e intentó calmarla quitando la vida al portador de su
desgracia. Tras esto, se dio cuenta que se había dejado llevar por impulsos
negativos y que el mundo había perdido una vida por una mal interpretación suya.
No pudo soportar esa carga, ni olvidar todo lo ocurrido y se hundió en su
cólera. Esto demuestra que lo que más le duele al corazón es el intento de
olvido.
sábado, 9 de marzo de 2013
Te invito a soñar conmigo
Todos hemos sido niños. Si, niños de esos que corren a todas partes y no se cansan, que lloran cuando tienen hambre, que no tienen vergüenza de nada y que ningún obstáculo les para. Pero también son los mayores soñadores del mundo, porque nada les importa más que llegar a donde se lo proponen. ¿Y nosotros? ¿Se nos está permitido soñar? Soñar es un don sin fecha de caducidad que nos da la vida. Cierra los ojos, empieza de cero y sueña. Supera horizontes, navega por los maravillosos sueños que tu mente esconde. Busca en tu corazón ilusiones y metas, y lucha por conseguirlos. Porque los únicos imposibles que existen son los que nos ponemos nosotros.
sábado, 9 de febrero de 2013
Diferentes y a la vez tan iguales
Salto todos los días a la calle contando cada paso que doy, pero me olvido de que a la vez voy contando las estrellas del cielo a punto de desvanecerse. Estrellas con miedo al sol que todos buscamos con locura. Ese sol que nos proporciona luz y calor, pero quita protagonismo a todas las demás estrellas en el firmamento que sueñan con algún día ser como él. Todos tenemos alguien que admiramos y ansiamos llegar a ser como él. Pero no nos acordamos que admirar a alguien por lo que consigue, está bien, pero lo que cuenta es lo que seamos cada uno. Tú eres único, yo soy única. La originalidad es una palabra clave en cada uno de nosotros. Todos somos diferentes y a la vez iguales. Pero los pequeños detalles son los que hacen que este mundo siga girando.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)


