Dentro de cubículo de imaginación, me siento sobre la cama, apoyada contra la pared, y colocando mi fuente de transmisión de imaginación sobre mis piernas; alzo la mirada perdida por la ventana, que no ve más que una neblina gris que me impide ver con claridad lo que en el exterior se encuentra. Cierro los ojos, empiezo a imaginar, a pensar en la base de mis historias, de mis pensamientos. Imposible concentrarse en un sitio como este. Me cuesta respirar, la angustia y la añoranza se apoderan de mi mente poco a poco. Me traslado a aquella tierra donde un día nací; ese cajón donde recuerdos inolvidables perecerán por siempre . Me concentro de nuevo y comienzo a revivirlos en mi mente. Algunos me hacen llorar, otros me hacen reír, y otros simplemente preferiría olvidarles. Abro los ojos y vuelvo a la realidad. Ruidos; gritos entran en mi cabeza como algo nuevo, extraño... Con ganas de abandonar aquel insoportable lugar y volver; volver allí donde el aire puro te inunda por dentro, donde los pájaros y el agua al caer producen una melodía inconfundible, mientras contemplas la luz del amanecer sentada sobre lo que la verde naturaleza nos regala cada día.¿Qué me esperará a la vuelta? Con miedo y alegría a la vez, y ansiosa de volver, de recuperar mi vida un momento perdida...
No hay mayor belleza que el pensamiento hecho palabra, pero no existe palabra tan bella capaz de explicar tal pensamiento
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martes, 10 de abril de 2012
sábado, 31 de marzo de 2012
La historia que un día me hizo llorar
Han
pasado ya unos años, pero nunca olvidaré esta historia que un día me hizo
llorar.
Un niño
de nombre….bueno, eso no es lo importante. Siempre fue una persona de gran
corazón que expresaba todo lo que sentía. Siempre discriminado y rechazado, tuvo
que cubrir como era en realidad para ser aceptado en la sociedad de hoy en día.
Una
tarde de verano, niños sentados, hablando, mostrando sus opiniones y él con
millones de ideas, tuvo que guardárselas para si mismo por miedo a lo que
pensaran. Callado sumido en sus pensamientos, decidió al fin mostrar su
opinión. Tras haber hablado, todos callados, le miraron con cara de
incredulidad y desprecio. A continuación, carcajadas empezaron a inundar la
habitación y él con ganas de salir corriendo y el miedo llenando su triste
corazón, que le impulsó a levantarse, y llorando amargamente se alejó de lo que sería el momento
que cambiaría su vida para siempre. Con la esperanza ya perdida y el
arrepentimiento corriendo por sus venas, se sentó a pensar. Esto no podía
quedar así, no soportaría otra situación como aquella. La decisión final fue
convertirse en algo que nunca imaginaria que él podría llegar a ser así.
Necesitaba sentirse querido, acompañado por alguien más que su familia. Desde
ese día escondió toda su sensibilidad y consiguió convertirse en la persona que
los demás querían que fuese. ¿Acertó o se equivocó en su decisión? Lo
importante es que ahora es feliz mostrando a todo el mundo esa parte que antes
en él no existía, que al final ha acabado formando parte de él. Pero tampoco ha
perdido esa otra cara llena de cariño, comprensión y preocupación; porque siempre
habrá gente que la acepte y le quiera por ello.
viernes, 30 de marzo de 2012
Soñaré
He soñado siempre con poder volar y alcanzar lo inalcanzable. Dormir sobre una nube y empezar a imaginar lo inimaginable. Cruzar mares y océanos sobre un delfín para llegar a donde nadie haya podido llegar jamás. Crear una máquina del tiempo para descubrir el futuro más lejano donde sé que nunca lograré estar. Montar en un cohete y descubrir galaxias, estrellas, planetas… La desgracia de todo esto es que son solo sueños que no se sabe si se cumplirán. Pero de vez en cuando necesitamos pensar sueños imposibles y ver que aunque no consigamos cosas tan grandes, siempre habrá pequeñas cosas que nos hagan sentir bien, nos hagan ser felices, consigan hacernos sonreír. Siempre lo más cercano es lo que menos valoramos y suele ser lo más valioso y hay que aprovecharlo, porque cuando llega el momento en el que se va, ya no hay vuelta atrás y el arrepentimiento se adueñara de nuestras vidas dejando para siempre la huella del recuerdo.
martes, 21 de febrero de 2012
No te rindas
Ya se que lo hecho, hecho está, pero no hay que venirse abajo por ello. Hay que pensar que eso es solo una prueba que nos presenta la vida, que hay que tratar de intentar de pasarla, y no rendirse nunca cuando algo lo queremos de verdad. Nunca mentalizarnos de manera que nos haga pensar negativamente. Intentar siempre, que la gente nos recuerde por nuestra sonrisa, no por nuestras lágrimas. Solo es cuestión de caminar y no pararse, siempre vivir ahora y no en aquel pasado que algún día nos hizo sufrir.
¡Que no importa cuánto caigas, lo más grande es levantarse!
lunes, 9 de enero de 2012
Calle Soledad
Pensando en
todas mis desgracias que me acompañan durante esta larga vida, paseo por la
calle soledad arrastrando mis pies, y con ello todo lo perdido. Era ya de noche
y finos copos de nieve reposaban en mis pies, impidiéndome avanzar cada vez mas
y mas. Me detuve ante la ventana de una casa de escasa altura, me digné a mirar
en su interior. Todo brillaba ahí dentro, al contrario que en la calle. Un
cielo negro como el carbón sobre mi cabeza me impedía ver con claridad, igual
que todas mis decisiones en esta vida. No me quedaba nadie por quien vivir,
ningún camino que seguir. Me senté en la fría nieve que recorría todo mi cuerpo
como un escalofrío breve, pero intenso. Una anciana se detuvo al veme. Se
agachó, y lo único que encontró, fueron unos ojos cansados de llorar y una
mirada perdida en la inmensidad del recuerdo y la duda. Ella me sonrió, yo la
dije:
-Esa
sonrisa que usted me ha regalado, no puedo aceptarla, no soy merecedor de ella.
Fijó su
mirada en mí y me dirigió otra sonrisa. En ese momento me di cuenta que era
sordomuda. La anciana se agachó y con el dedo rojo de frío, empezó a a escribir
un mensaje en la nieve, que decía:
“Navidad es
un momento de felicidad, de recordar, de perdonar e intentar”
Se levantó
del suelo, se dio la vuelta y empezó a caminar. De repente, un destello me
deslumbró y tuve que taparme los ojos. Segundos después levante la mirada y la
anciana no estaba allí. Por la misma callejuela, asomaba la cara de una mujer.
La miré con intriga y asombro al descubrir que era ella. Esa persona que me había
hecho pasar buenos momentos junto a ella. Esa persona que siempre ha estado
ahí. Esa persona que es mi razón de vida. Y yo a cambio no la había llevado más
que desgracias y engaños, se acercó a mi, no me dejó hablar, solamente se oyó
su voz que decía:
-El pasado
cambiar no puedes, pero puedes arreglarlo con el presente.
Fui a decir
algo, pero ella interrumpió mis palabras besándome en los labios. Estrellas
empezaron a decorar lo que antes era un cielo oscuro y tenebroso…
domingo, 25 de diciembre de 2011
Italia: arte, amigos y CocaCola
Todo empezó
mucho antes, cuando Jesús nos preparaba para el concurso de relato breve de
cocacola. Nunca pensé en ganar, pero gané y lo mejor fue el premio: un viaje a
Italia con el resto de los ganadores de cada comunidad autónoma. Este fue el
viaje.
Supuestamente,
ese día, yo estaba de vacaciones. Esto es mucho suponer. ¡Levantarse a las ocho
de la mañana un día de verano!, pero valió la pena, solo por el recuerdo de un
viaje inolvidable y unas amigas que no se encuentran en cualquier parte. Las
largas caminatas y charlas interminables al final parecieron ser lo de menos.
Aprendimos cosas nuevas, pero no solo de piedras amontonadas artísticamente
formando un monumento único e inigualable, sino también cosas más importantes,
como a valernos por nosotros mismos. Estar a tres mil kilómetros de casa
durante cuatro días no es algo que hayamos repetido muy a menudo. Saber
arreglar tus propios problemas, también es un reto por el que hemos tenido que
pasar todos alguna vez. Pero con la ayuda de todas estas maravillosas personas
(también de Jesús mi profe y José María de Cocacola) ha sido mucho más fácil.
Todo empezó en Madrid. Nada más llegar, una niña se me acercó y empezó a hablar
a tal velocidad que no la entendía nada. Me le quedé mirando con cara de
incredulidad, y empezó a dar golpes en el suelo con el pie, diciendo que lo
había hecho mal. Y empezó otra vez a presentarse. La dije que tranquila, estaba
angustiada por hacer amigas, pero al final se dio cuenta que estaba exagerando.
Yo también estaba nerviosa, estábamos las dos en la misma situación. Otra cosa
que me inquietaba era mi compañera de habitación. Nada más llegar pregunté quién
era, pero todavía no había llegado. Esto se debía a que era la que venía de más
lejos, de Canarias. Esa misma noche nos llevaron a un concierto, al que no
pudimos quedarnos toda la noche porque al día siguiente había que madrugar.
Maldita Nerea nos hizo bailar y saltar. A la mañana siguiente a Barajas, a
coger un avión con destino Italia.
Primera
parada, Roma. Todas las mañanas nos venía a recoger un autobús, que nos llevaba
al centro de la ciudad. Visitamos la Columna Trajana, “La Fontana di Trevi”, el
Coliseo, los arcos de triunfo, el foro romano,
“Vittoriano”, la plaza Navona, el
Panteón, y por supuesto, no puede faltar, el Vaticano. Aquella tarde, una sorpresa totalmente
inesperada. De repente, ante nuestros ojos, aparecieron unos.... ¡diecisiete!
fiat 500, que nos llevaron al hotel, y luego a cenar. Nos trasladamos a los
años 60. Descubrí una cosa, ¡qué los italianos conducen como locos! Y no hay
rayas que dividan la carretera en carriles; no, no, allí, cada uno conduce como
le parece. ¡Qué miedo pasé en algunas curvas, hasta se me revolvió la tripa!
Pero mereció la pena, la comida italiana era fantástica, pensé que me cansaría
de tantos espaguetis, lasaña, macarrones, pizza…, pero es que hay tanta
variedad de combinaciones, que es imposible repetir. Aunque lo que en realidad
se echaba de menos era, ¡un buen filete con patatas!
Y no nos podemos
olvidar de nuestra segunda parada: Florencia. Recordaré siempre sus calles, sus
puentes, sus monumentos… ¡Unas de las ciudades más bonitas que he visto nunca!
La pena fue que sólo nos quedamos un día. ¡Es el lugar en el que tomé el mejor
helado de toda mi vida! No hay nadie que se resista a los helados italianos. La
locura de este último día empezó en el tren, cuando nos pusimos a hacer fotos a
un mono de peluche. Algunos pensaréis que estábamos locas, y no os lo niego, la
verdad; pero es que en esos momentos, nos daba igual lo que la gente pensara,
nuestra meta en ese viaje era pasárnoslo bien. Esto no acabó aquí, nuestra
última idea era pasar nuestra última noche todas juntas. Y que mejor idea que
dormir todas en una misma habitación. Como es de suponer, todas no cabíamos en
las camas, así que, alguna que otra tuvo que pasar la noche en el suelo, en el
sofá, y también en la bañera. Esa noche no durmió nadie hasta tarde, pero al
final nos acabó venciendo el sueño y no importó la incomodidad del lugar.
miércoles, 23 de noviembre de 2011
Aprendiendo a olvidar
Tu me acompañaste desde pequeño,
en mis risas y en mis miedos
cuando tenía miedo
yo miraba hacia el cielo
y me deslumbras con tu destello
Me hacías sonreír
en esas duras noches de invierno,
Me hacías llorar
Al verte en tan insólito lugar
Cada noche al verte brillar
me sentía identificada,
intentando no echarme a llorar
Tumbada en el suelo,
sumida en mis pensamientos,
pienso en ti,
en los momentos que me hiciste vivir
Los días de tu ausencia
rezaba a Dios para que me diera fuerzas.
Los días sin ti no son días,
las noches sin ti no son noches
Al verte reflejada en el inmenso y frío mar
Un escalofrío me recorría sin piedad
¡No te vayas, no me dejes!
Otro amanecer igual
En el que sin más demora el sol empezaba a brillar
Me eche al mar
Para poderte alcanzar
¿Dónde estas? ¿Dónde has ido?
¿Dónde me he metido?
Sumergiéndome en las profundidades,
de las que muchas veces oí hablar,
Pero nunca pude contemplar
Estaba siendo testigo
de las maravillas que aguardaba
este increíble mar
que en inmensas ocasiones lo rechacé sin pensar.
Sentir que no se puede avanzar
en la inmensidad del mar
Sentir que no se puede llegar
y empezar a gritar
Sentir como te hundes
y a nada poderte agarrar.
Y aquí llega el final de esta historia
que sin más demora
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